Para ser minúsculo (2)

Photo by Luis Quintero on Pexels.com

Para ser minúsculo, conviene levantarse en cuclillas. Si usted durmió en su cama, álcese solo la mitad. Si durmió en un futón, incorpórese a medias. Si se quedó traspuesto en el sofá, simplemente déjese caer. Una vez en la posición que hoy ejercitamos, camine por el pasillo imitando a un pato hasta llegar al baño, colóquese ante el lavabo e intente alcanzar el grifo para lavarse la cara. Probablemente sus manos no le alcancen. Utilice entonces el taburete de su hijo pequeño para subirse a él y, sobre esta tarima infantil, abra el grifo del agua fría, llene de ella sus manos y láncela sobre su cara a fin de refrescarse y sacudirse la modorra. Sin duda, usted despertará de golpe y se verá a sí mismo empequeñecido, apenas visible en el espejo.

Es de vital importancia interiorizar mentalmente la postura. Una vez lo logre, incorpórese solo físicamente para vivir su vida cotidiana con el disimulo que nuestra ciencia requiere: su mujer, sus hijos, su jefe, el vecino o los compañeros de trabajo le verán a usted naturalmente erguido sin percibir que en su fuero interno usted se ha minimizado. 

Repita este ejercicio durante cinco jornadas consecutivas hasta adquirir el hábito de pensar en cuclillas. No es desaconsejable si, al sentir agujetas mentales al final del día, se toma un ibuprofeno. 

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