La balsa

Flota, pero no olvida que las maderas que pisa son troncos de árboles que hoy lo llevan por la corriente abajo. Se deja llevar o a ratos dirige la balsa a un lado o al otro, pero nunca lucha contra la corriente. El paisaje va cambiando y el aire es cálido y frío a un tiempo. A veces, siente un fogonazo y, entonces, arrima la balsa a una ribera y se sienta en la orilla a contemplar pasar el agua y así queda horas, sobre la cálida arena, tan solo observando. Luego se alzará, entrará de nuevo en el agua acogedora y, unido a ella, seguirá bajando el río sin saber hasta cuándo, sin saber hasta dónde.

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