Para ser minúsculo

Para ser minúsculo, antes hay que ser pequeño, saber encogerse en la ropa. No es fácil aprender. Podemos empezar por lo más accesible, por ejemplo, ser invisible ante un camarero o dar los buenos días sin esperar a recibirlos. También sirve cruzar un paso de cebra con determinación, pero este ejercicio es solo recomendable para egos grandilocuentes sin posibilidad de salvación. Nosotros, los que aún podemos redimirnos, debemos minimizarnos como el que anda de puntillas por la noche para no despertar a la familia: poco a poco y con mucho sigilo. Sobre todo en este estado iniciático, pues la primera norma para lograr un día ser minúsculo es el disimulo de los primeros pasos, no compartirlos con nadie, que nadie sepa su disposición anímica a empequeñecer, porque si alguien se entera, amigo, si alguien logra ver la miniatura de si mismo que anhela, ¿estará usted a la altura?

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